Tras poner de relieve que “Cristo no se halla a dos mil años de distancia, sino que está realmente presente entre nosotros y nos da la verdad, nos da la luz que nos hace vivir y encontrar el camino hacia el futuro”, Benedicto XVI subrayó que está “presente en su palabra, en la asamblea del Pueblo de Dios con sus pastores, y de modo eminente, en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, y está aquí con nosotros”.
El Santo Padre señaló que si bien en la Iglesia “hay hijos reacios e incluso rebeldes, en los santos reconoce sus rasgos característicos y precisamente en ellos, saborea su alegría más profunda"
“Es necesario volver a anunciar con vigor y alegría el acontecimiento de la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, núcleo y fundamento de nuestra fe, palanca poderosa de nuestras certezas, viento impetuoso que barre todo miedo e indecisión, duda y cálculo humanos. La resurrección de Cristo nos asegura que ninguna fuerza contraria podrá jamás destruir la Iglesia”.
“Por tanto –añadió-, nuestra fe tiene un fundamento, pero es necesario que se haga vida en cada uno de nosotros. (...) Solo Cristo puede satisfacer plenamente las aspiraciones más profundas de todo corazón humano y responder a sus cuestiones más inquietantes sobre el sufrimiento, la injusticia y el mal, la muerte y la vida en el más allá”.
Benedicto XVI alentó a los fieles a “no dudar nunca de la presencia de Cristo. Buscad siempre al Señor Jesús, creced en la amistad con Él, recibidlo en la comunión. Aprended a escuchar su palabra y a reconocerlo en los pobres. Vivid vuestra existencia con alegría y entusiasmo, seguros de su presencia y de su amistad gratuita, generosa, fiel hasta la muerte de cruz”.
“Testimoniad a todos -concluyó- la alegría de su presencia fuerte y suave, empezando por vuestros coetáneos. Decidles que es hermoso ser amigo de Jesús y que vale la pena seguirlo. Mostrad con vuestro entusiasmo que, entre tantas formas de vivir que el mundo parece ofrecernos hoy -todas aparentemente del mismo nivel- la única en la que se halla el verdadero sentido de la vida y por tanto, la alegría verdadera y duradera, es siguiendo a Jesús”.

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